Hairspray
UN POCO DE MÚSICA
Y MUCHÍSMA LACA
PRIMERO FUE UN FILM DE JOHN WATERS. DE
AHI SALTÓ (Y ARRASÓ) A BROADWAY
COMO MUSICAL ESTA NUEVA (Y BAILONGA) VERSION,
DE LA OBRA, ODA A LA LACA DE LO MAS LOCA,
CIERRA EL CIRCULO. NOS LO EXPLICAN SUS
PROTAGONISTAS: JOHN TRAVOLTA, MICHELLE
PFEIFFER, CHRISTOPHER WALKEN...
por María BERNAL (LA).
La génesis de Hairspray empieza
en 1988, cuando el director John
Waters (Pink
Flamingos, Los
sexoadictos) quiso reflejar en
una satírica - comedia la revolución
sexual, musical y racial de los años
60, tomando como ejemplo su adorado Baltimore.
La nueva versión conserva todos
los elementos del que ha sido considerado
el Pedro Almodóvar
norteamericano, pero con música
y baile de principio a fin, y con un grupo
de inconformistas que intentarán
romper el molde. Entre ellos Tracy, una
chica más bien oronda con sueños
de codearse con los triunfitos de aquel
entonces. O su madre, Edna Turnblad, más
rotunda si cabe, ama de casa frustrada
que encarna un John
Travolta vestido de mujer. Y todo
un grupo de adolescentes negros, cansados
de que sus bailes sean utilizados por
los niños blancos mientras ellos
tienen que montarse en la parte de atrás
del autobús. Pero como reconoce
el director de esta versión, Adam
Shankman, Hairspray
trata de mantener la anarquía del
film de John Waters.
Y, para conservar esa locura original,
era imprescindible que el personaje de
una mujer como Edna lo interpretara un
hombre.
TRA(NS)VOLTA
Ahí entra Travolta, porque lo
único que estuvo claro desde un
principio en esta producción de
52,5 millones de euros, en la que también
participan una Michelle
Pfeiffer de vuelta de su semijubilación
o el eterno Christopher
Walken, es que el Tony Manero de
Fiebre del sábado
noche (John
Badham, 1977), el Danny Zucko de
Grease (Randal
Kleiser, 1978), el Vincent Vega
de Pulp Fiction
(Quentin Tarantino,
1994) o el Chili Palmer de Cómo
conquistar Hollywood (Barry
Sonnenfeld, 1995) tenía
que ser Edna, papel que en el original
interpretó Divine
y, en Broadway, Harvey
Fierstein. Travolta tuvo sus dudas.
Muchas. Porque los musicales no funcionan
a menos que todo encaje, explica el actor,
que añade: Y yo ya hice el mayor
musical de la historia, Grease,
así que para volverlo a intentar,
y si me perdonas el chiste fácil,
iban a necesitar mucha grasa en la freidora,
dice Travolta riéndose de su broma,
pero sin querer entrar en materia sexual.
Porque, como recuerda el semanario gay
Washington Blade, que ha pedido a la comunidad
homosexual el boicot de la cinta, Travolta
es un prominente miembro de la Iglesia
de la Cienciología, secta que sugiere
una cura para la homosexualidad. El realizador
Adam Shankman,
gay declarado y orgulloso de sus preferencias
en materia sexual y sentimental, reniega
de estos comentarios. Una vez más,
es un todos para uno cuando el cineasta
recuerda que desde los productores hasta
los guionistas, pasando por coreógrafos,
compositores y letristas, somos todos
gays.
PFEIFFER ANTE LOS MICROS
Pero también los hay heterosexuales
en esta producción donde todo se
confunde. Estrellas como Michelle
Pfeiffer, que interpreta a Velma
Von Tussle, uno de los personajes de su
carrera que menos tiene que ver con ella
misma. No por lo de ex reina de un concurso
de belleza (que en ese campo la Pfeiffer
tuvo experiencia), sino por los tintes
xenófobos que le toca interpretar:
He dado vida a muchas asesinas pero nunca
a alguien tan racista como Velma, algo
que me hizo pensármelo mucho, cuenta.
A toro pasado, Pfeiffer (en la vida real
madre adoptiva de una niña mestiza)
tiene la sensación de que debería
haber pensado en otros detalles antes
de aceptar. Como, por ejemplo, lo que
significa interpretar un verdadero musical.
Porque de
Grease
2 (Patricia
Birch, 1982) hace
tanto tiempo que ni me acuerdo, y en Los
Fabulosos Baker Boys (Steve Kloves,
1989) cantaba apenas un par de canciones,
dice burlándose de su despiste
musical.
Lo difícil
no fue cantar, sino cantar y bailar a
la vez que interpretas, porque las canciones
van avanzando la trama, y todo ello con
tacones de aguja y haciendo malabarismos
con el bastón de majorette. Todo
un reto para mi cuerpo cansado,
añade a carcajadas esta actriz
de 49 años antes de añadir,
orgullosa: No me
caí ni una sola vez. La
actriz define a su un personaje como una
mezcla de Jackie Kennedy y Bette Davis,
al menos de apariencia.
CHRIS Y JOHN:
UNA PAREJA PERFECTA
Pero Pfeiffer encontró una motivación
perfecta para hacer de Velma: Me
encantó la idea de poder torturar
a Christopher Walken porque, haciendo
memoria, en Batman vuelve (Tim Burton,
1992) perdí una de mis vidas por
su culpa, explica divertida, recordando
este rodaje que fue, según su opinión,
una fatiga delirante. Christopher
Waken, que da vida a Wilbur Turnblad,
padre de Tracy y locamente enamorado de
todas las carnes de Edna, también
fue fundamental en el sí de Travolta.
Con Chris me sentí
muy cómodo; los dos hemos hecho
teatro, Broadway y Off Broadway, y sabía
que lo podía hacer, que es un actor
maravilloso y una estrella de Hollywood.
Sabía que en sus brazos me podía
sentir cómodo, admite. Se
le tolera la coquetería porque
para disfrutar de una farsa como Hairspray
es necesaria esa credibilidad que ambos
actores intentaron imbuir a su relación
como pareja, especialmente en la pista
de baile. Porque, de nuevo, Hairspray
es todo música y baile, dirigido
por alguien como Shankman, más
reconocido por sus 15 años de experiencia
como coreógrafo en cine que por
dirigir films como Doce
fuera de casa (2005).
UN MONTAJE MUY GORDO
Shankman también había
dirigido otra comedia, Se
montó la gorda (2003), con
Steve Martin
y Queen Latifah,
una presencia de peso que se ganó
el reconocimiento de Hollywood, nominación
al Oscar incluida, gracias a su trabajo
en Chicago
(Rob Marshall,
2002) y que aquí repite con Shankman.
Está claro
que la música es una buena parte
de quién soy, así que no
me importaban las cinco, seis, siete u
ocho horas de ensayos con tal de conseguir
la toma necesaria, reconoce la
actriz. Pero de todos esos números
musicales, los de Travolta fueron los
más esperados. Ya
sabes, es el poder de unos senos...
se regocija el actor. Admite que nunca
antes le habían pellizcado tanto
como desde que se puso el traje de Edna,
un traje que mandó rehacer nada
más unirse al reparto para que
le diera más curvas. En su cabeza,
Edna es una mujer de rompe y rasga, y
le daba igual los kilos que le quisieran
añadir: Quería
curvas como las que tenían Marilyn
Monroe, Sophia Loren, Anita Ekberg o Elizabeth
Taylor, las mujeres voluptuosas de los
60. Edna
no podía tener la forma de un refrigerador,
se escandaliza pensando en la silueta
de sus predecesores en este papel. Solventado
este detalle, el resto son alabanzas a
esta pieza de vestuario que se ajustaba
a su cuerpo como un traje de buzo, así
que cuando Travolta movía sus caderas,
las de Edna se movían con él.
Gracias a este apósito, John
Travolta se sintió con el
peso adecuado para el papel, pero para
su preparación femenina tuvo que
añadir algo más: Me
acordé del día que bailé
con la princesa Diana, cuando le enseñé
a dejarse llevar por un hombre, al menos
en la pista de baile. Así que al
bailar con Chris Walken tuve que pensar
que yo era Diana de Gales y que él
era John Travolta, y que me tenía
que dejar llevar. Fue un ejercicio interesante,
reconoce el intérprete que, por
lo demás, se siente contento de
este cambio, ya que opina que las mujeres
siempre se llevan los papeles más
interesantes en los musicales.
¡BIENVENIDO, MISTER WATERS!
Pese a la distancia que separa al Hairspray
musical del original ideado por John
Waters en los 8o, el film quiso
hacer un guiño al creador, y Waters
hace un divertido cameo, amén de
reencontrarse con su Tracy, Ricki Lake:
Ya me hubiera gustado
hacer un trío de Tracies,
suspira su heredera, Nikki
Blonsky, incluyendo en su reparto
imaginario a Marissa
Jaret Winokur, la Tracy de Broadway.
El futuro de Hairspray
en la historia del cine aún está
por ver, pero parece mucho más
prometedor que lo que los agoreros decían
en un principio, esos que citan la cinta
como un nuevo ejemplo de la falta de originalidad
de Hollywood a la hora de financiar nuevos
proyectos, cuando quizás es uno
de los mejores musicales de los últimos
años: Quiero
que esta película triunfe porque
con cada éxito, con cada Dreamgirls
(Bill Condon, 2006), con cada Chicago,
con cada Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001),
se mantiene con vida un género
que adoro desde que era niña,
explica Queen Latifah.
SANGRE TEEN... Y QUEEN
Otro que le está muy agradecido
al género es el barbilampiño
Zac Efron,
actor que vive en una nube tras el fenómeno
televisivo de High
School Musical. Creo
que hay un interés cada vez mayor
en el cine musical, incluida mi generación,
comenta Efron, que reconoce que, de más
joven, es de los que imitaban a Travolta.
Hay una buena parte
de Danny Zuko (el personaje de Travolta
en Grease) en todos mis trabajos,
dice sin vergüenza. Ellos y otras
jóvenes y rutilantes nuevas estrellas,
como la debutante Nikki
Blonsky, Amanda
Bynes (Ella
es el chico) o Brittany
Snow (Todas
contra él), dan lustre al
excelente reparto, y se suman con rapidez
a la hora de adorar al dios Travolta.
No especialmente humilde, John Travolta
se deja adular, aunque al final le da
todo el mérito a su madre, Helen.
A ella le debo todos
los detalles que hacen de Edna una mujer,
su lucha con las fajas y los sostenes,
con las medias y los tacones altos,
detalla con devoción de hijo. ¿También
fue ella quién descubrió
su talento como actor? Sí,
especialmente cuando sacaba la basura,
un momento en el que decía que
yo rayaba con la genialidad, dice
sin poder evitar las carcajadas. Se siente
orgulloso del reto encarado en este film:
Como con todo lo
que he hecho en mi carrera, me entrego,
y en esa entrega viene la liberación.
Como cuando hice Pulp Fiction o Fiebre
del sábado noche. Aquí no
se trataba de hacer de un hombre haciendo
de mujer o de un homosexual. Interpreto
el papel de una mujer. Y como tal me sentí,
resume, satisfecho del trabajo bien cumplido.
ADAM SHANKMAN (director):
Nacido en Los Ángeles en 1964,
tiene una larga carrera como coreógrafo
en títulos como Boogie
Nights, Scream
2, Don Juan
DeMarco o Dudley
de la Montaña. Ha dirigido
Se montó
la gorda, Un
paseo para recordar, Doce
fuera de casa o Un
canguro superduro.
..................................................
...................................................
Crítica:
Hairspray
Por David BROC
Hairspray,
en la versión de Adam
Shankman, no es tan solo un espléndido
y muy efectivo remake de la película
de John Waters
a mayor gloria de su musa Divine
de 1988 y, a su vez, de la obra que triunfó
con empaque y suficiencia en los escenarios
de Broadway, sino también un musical
superior que consigue trascender sus propios
márgenes expresivos. Incluso los
poco amigos del género, que siempre
los ha habido y los habrá, se sentirán
arrastrados y captados por la vorágine
de canciones pluscuamperfectas e irresistibles
que adornan cada una de las escenas de
la película, un auténtico
atracón de números visuales
y sonoros a los que resulta difícil
encontrar un competidor reciente con garantías
de aguantarle el pulso sin salir vapuleado.
Adam Shankman,
un coreógrafo metido a director
cuyo currículum ha pasado con más
pena que gloria (véase productos
infantiles/familiares como Un
canguro superduro o Doce
fuera casa), se ha sacado de la
manga esta cinta ejemplar que, al margen
de contar con un reparto estelar y muy
curioso en que podemos ver a John
Travolta, Christopher
Walken, Michelle
Pfeiffer o una soberbia Queen
Latifah (todos ellos, eso sí,
con experiencias previas en el canto y/o
el baile), consigue minutos de pura magia
cinematográfica en los que todo
es Más. Mucho Más. La taquilla
USA ha respondido, entusiasta: esperemos
que aquí se repita la buena acogida.
PARA DEVOTOS Y NO TAN DEVOTOS DEL MUSICAL.
Lo mejor: la banda sonora y el reparto,
sobre todo Queen
Latifah.
Lo peor: a veces puede resultar excesiva.
..................................................
...................................................
Estilo:
"Hairspray", vuelven los 60
AY, CÓMO HEMOS CAMBIADO. LO QUE
ANTES ERA UNA PELÍCULA TRASH DE
JOHN WATERS
SE HA CONVERTIDO EN UN TAQUILLAZO PARA
TODOS LOS PÚBLICOS. ENTRE LOS PROTAGONISTAS
DE "HAIRSPRAY",
NUESTRO MAESTRO DE PELUQUERÍA Y
MAQUILLAJE, MANOLO
GARCÍA, HA ELEGIDO EL PEINADO
DE MICHELLE PFEIFFER.
"Está claro que vivimos un
revival de los 60. Es una de mis épocas
preferidas porque fue una revolución
en la moda, en la música y en el
cine. Para conseguir este look, lo mejor
es hacerse con un pequeño kit de
productos que encontrarás en tiendas
para profesionales de la peluquería.
El primer paso es comprar unos rulos de
velcro de toda la vida. Son muy sencillos
de usar porque se aguantan solitos. Luego,
un peine para crepar la raíces.
Para las de pelo fino, pueden probar con
una gama de cuatro productos: champú,
crema, espuma y loción para dar
volumen. Todo, de la gama More de la firma
Fekkai. Se pueden conseguir en Sephora.
Para las más atrevidas que quieran
teñirse de rubia, Majiblond de
L'Oréal. Siempre aplicado por un
peluquero. Por último, no podéis
dejar de lado un clásico como la
laca Elnett de L'Oréal, porque
tú lo vales. Para maquillarse es
muy importante el eyeliner negro, mejor
si es de Yves Saint Laurent. Rematamos
con mucho rímel en las pestañas.
Y para los labios, el clásico Rouge
de Chanel."
|