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Harper's Bazaar | November 2002 | Mexico

Michelle Pfeifer interview

 
Harper's Bazaar (Mexico) | November 2002 Harper's Bazaar (Mexico) | November 2002 Harper's Bazaar (Mexico) | November 2002 Harper's Bazaar (Mexico) | November 2002 Harper's Bazaar (Mexico) | November 2002
 

MICHELLE
SE CONFIESA

La estrella habla de su adicción a los carbohidratos, de porqué se niega a inyectarse Botox y del ritual nocturno que comparte con su esposo. Michelle Pfeffer le cuenta los detalles de su vida privada a Caroline Doyle Karasyov.

Fotografías Patrick Demarchelier

Harper's Bazaar (Mexico) | November 2002Michelle Pfeiffer dirige reuniones desde el cuarto de baño. Su habitación favorita en la casa de Los Angeles que comparte con su esposo, el escritor y productor David E. Kelley, desde hace poco más de un año. Este no es un baño común. Además de la requerida bañera y del inodoro, tiene vista al océano, un escritorio, una computadora y un sofá-cama. Y aunque Michelle y David nunca han celebrado una fiesta en su nueva casa y no acostumbran a tener muchas visitas, en ocasiones ella ha compartido con sus amistades en el tocador. De hecho, recientemente se reunió ahí con los padres de los compañeros de clases de su hija para discutir juntos un proyecto de la escuela.
Parece una rara costumbre, pero Michelle insiste en que, con excepción de las reuniones en su cuarto de baño, de que ha sido nominada a los premios Oscar de la Academia y de que está considerada como una de las mujeres más bellas y talentosas de Hollywood, ella lleva una vida muy normal.

"Mi vida cotidiana es como la de cualquier persona", comenta Michelle mientras disfruta una ensalada César, unos vegetales cocidos al vapor y un plato de salmón en un restaurante de Los Angeles. Michelle ha comido pescado en prácticamente todas las entrevistas que ha concedido a la hora del almuerzo en los últimos 12 años. "Tengo que obligarme a comer pescado", responde cuando le hacemos el comentario. Luego sonríe e insiste: "Me encantan los carbohidratos. Los postres no me enloquecen, pero no puedo vivir sin el pan. Cuando no estoy trabajando, ayudo a los niños (su hija Claudia Rose tiene nueve años y su hijo John tiene ocho) a prepararse para ir a la escuela, y David los lleva. Luego voy al gimnasio, si no estoy muy ocupada, y asisto a mis reunionesde trabajo, hasta que recojo a los niños. Entonces los llevo a pasear, como hacen todas las mamás".

¿Y por la noche qué haces? "Me acuesto en la cama, enciendo el televisor y me pongo a ver el canal de la programación, hasta que llega David y me dice: 'Eh, mi amor, ¿otra vez estás viendo la programación?'. En realidad nunca veo ningún programa, sólo la programación que hay en los canales. No pierdo la esperanza de que algún día encontraré algo que me interese ver".

Pudiéramos creer que las cosas son más emocionantes cuando está en el set filmando una película, pero en realidad no. Michelle lo explica: "Cuando no estoy filmando, estoy en mi tráiler ensayando las escenas que tengo que grabar el resto de la semana, así puedo compartir con los niños por la noche. Cuando estoy filmando, no leo guiones de otras películas, no asisto a ninguna reunión, no salgo a almorzar con nadie y ni siquiera hablo con mi agente".

Que el tiempo que pasa con su familia sea de calidad es muy importante para ella. Y aunque tiene "un grupo de amigos con los que compartimos", la mayor parte de su tiempo la pasa con David y los niños. Aunque en esta etapa de su vida sus instintos maternales están más que probados, Michelle recuerda: "Cuando filmé Las brujas de Eastwick, trabajaba con cinco niños, y no sabía cómo tratarlos. Una noche vinieron a mi habitación del hotel y recuerdo que le dije a Cher (la coprotagonista): '¿Qué hago con ellos?'. No sabía qué darles de comer ni qué hacer para mantenerlos entretenidos".

Además de su esposo y sus hijos, Michelle se mantiene en contacto con Rick, su hermano mayor, y con sus dos hermanas menores, Dedee, que es actriz, y Lori, que fue modelo. "Somos muy unidos", comenta. "Conozco a algunas personas que dicen: 'Hace diez años que no hablo con mi hermano', yo ni siquiera puedo imaginarme en esa situación. Nosotros discutimos y pasamos por etapas en las que no nos comunicamos, pero eso no dura años".
De hecho, Michelle está tan apegada a su hermana Dedee, que sólo unos días antes de esta entrevista estuvo con ella en la sala de parto y fue testigo del nacimiento de su hijo. "Hacía tiempo que no había un bebé en la familia, y todos estamos emocionados y medio locos con el niño," dice eufórica. "Es un niño encantador, muy dulce. Yo nunca antes había estado en un parto, y tomé las fotos. ¡Fue algo extraordinario! Hasta pensé en hacerme comadrona. En ese momento me dije: Traer vidas al mundo sí es una manera de reafirmar la fe en la humanidad".
                               
La proximidad con su numerosa familia, que no deja de crecer, le hace la vida más fácil y divertida, pero a pesar de eso, no sabe si permanecerá en Los Angeles, ni siquiera está segura de que se quedará en la costa oeste de Estados Unidos. "No quisiera que los niños estuvieran aquí en Los Angeles cuando tengan edad para ir al preuniversitario", dice. "Pero a David no le gusta mucho la idea de regresar a la costa este. El nació allá y no quiere saber nada de inviernos crudos. Pero Los Angeles está muy saturada con la industria. Quiero que los niños tengan más equilibrio en sus vidas".

Aunque Michelle, al igual que sus hijos, creció bajo el cielo soleado del sur de California, su infancia no se parece mucho a la de ellos. Michelle nació en 1958 y creció in Midway City, donde su padre —que murió hace cuatro años— trabajaba como contratista de calentadores y aires acondicionados y su madre era ama de casa. Se conoce de su breve estancia en la universidad, de su trabajo como cajera en un supermercado y de su corto período como Señorita Orange County. Su belleza fue lo primero que llamó la atención del público en Vaselina 2 y en Caracortada, pero fueron sus actuaciones en Amistades peligrosas y en Los fabulosos hermanos Baker lo que cautivó a los críticos y afianzó su posición como una de las estrellas de Hollywood.

Su papel más reciente es el de Ingrid, en White Oleander (basada en la exitosa novela de Janet Fitch). Michelle ha interpretado muchos personajes fuertes y tormentosos, y la misteriosa y homicida Ingrid no es la excepción. Parece que eligiera los personajes más complicados y angustiosos.

"No busco a propósito papeles que me dejen exhausta física o emocionalmente", insiste. "Cuando los estoy estudiando, pienso: este podría ser divertido y este podría ser más ligero, y a veces termino convirtiéndolos en papeles serios". Michelle se queda pensativa por un minuto y mentalmente revisa su repertorio fílmico. Luego suspira y confiesa: "Las comedias no me resultan interesantes. Yo pienso que las mejores situaciones cómicas uno se las encuentra en la vida real. Y esos momentos cómicos son también trágicos. Cuando mi padre estaba moribundo, víctima del cáncer, todos en la familia andábamos medio ensimismados, y no sólo sentíamos mucha tristeza, sino que a menudo nos veíamos en situaciones muy simpáticas". Michelle hace una pausa; es evidente
que todavía siente dolor por la muerte de su padre, como si hubiera ocurrido ayer: "Siempre me ha sorprendido cómo en algunos de los momentos más tristes de mi vida ha sucedido algo simpático, y aunque me he sentido culpable, no he dejado de reconocer que da risa. Supongo que eso sucede porque la psiquis humana no puede soportar ciertas situaciones. Uno se pone histérico (ríe con nerviosismo) en el momento en que más lo necesita".

Lo humorístico y lo trágico son temas que le resultan familiares. Por eso no nos resulta extraño que mencione Belleza americana, La boda del Monzón, Hedwig and the Angry lnch y Molino Rojo ("Me reí y lloré mucho viéndola", recuerda) en su lista de películas preferidas. Todas juegan con esa fina línea que divide la alegría de la tristeza (también confiesa que le encantó Una rubia muy legal, que según su criterio es "muy simpática y está muy bien actuada").

Sus libros preferidos abarcan un tema igualmente introspectivo. En estos momentos, en su mesa de noche puede verse Mozart's Brain and the Fighter Pilot, un estudio sobre la memoria y sobre el funcionamiento del cerebro. No le teme al envejecimiento, pero sí a volverse olvidadiza. "La cantidad de trabajo me agobia. Tengo que retener mucha información y mi cerebro se esfuerza tratando de asimilarla", admite. Diciendo eso, comenta que no recuerda el nombre de la última novela que leyó. "¿Ves?", dice con una sonrisa. "Esa es la razón por la que estoy leyendo un libro acerca de cómo mejorar la memoria". Michelle asegura que generalmente está muy ocupada y no tiene suficuente tiempo para leer.

También insiste en que tiene muy poco tiempo para ir de compras: "Aprovecho para comprar durante las sesiones de fotos. Es la única oportunidad que tengo. Hay etapas en las que me interesa lo que llevo puesto, y otras en las que me pongo un Levi's y un pulóver y me olvido del mundo". El día de la entrevista, Michelle llevaba una camisa de un dorado brillante, de Gucci, aunque ella creía que era una chaqueta de Lainey, y unos pantalones blancos Josie, aunque confiesa que no está muy segura. Llevaba unas sandalias negras (que recuerdan la época de Three's Company) que compró "hace unos diez años. Me gustan porque son muy cómodas y no me lastiman los pies. Casi todos los zapatos me molestan".

El diseñador favorito de Michelle es Giorgio Armani, y ha llevado sus creaciones en prácticamente todos los eventos de premiación desde hace una década. "Armani nunca me ha decepcionado", comenta. "Nadie diseña un vestido negro sencillo como él. Y sé que si llevo uno de sus diseños, voy a lucir bien. Porque si me guío por mí, puedo equivocarme".

A pesar de su tendencia a ser conservadora con la moda, le hubiera gustado vestirse más atrevida en su boda con Kelley, en 1993. "Llevaba un vestido nuevo que estaba hecho con telas clásicas", explica. "Pero ahora preferiría haber llevado un vestido con muchos bolsillos".

Fuera de este capricho, Michelle se viste muy sencilla. A sus 44 años, una edad en la que la mayoría de las actrices ya se han hecho sus "retoques", Michelle dice: "La cirugía plástica y el Botox me aterran". Ella prefiere usar productos Jurlique para su "temperamental tipo de piel".

Para mantener su figura, no quiere saber nada de yoga, "lo odio, eso duele", dice. Hace cardiovasculares y ejercicios Pilates, practica el hockey en patines de ruedas y juega en el parque con los niños. "No te imaginas lo difíciles que son las barras de los parques de niños hoy en día".

Sus manos son la parte favorita de su cuerpo, y admite que "lo que menos me gustaba de mí (mis labios y mis piernas delgadas) es lo que más ha llamado la atención". Y reconoce que no le hubiera importado tener los senos más grandes.

Quiere aprender a relajarse, descansar más. Ella confiesa, "bajo presión funciono muy bien. Si planeo una cosa puedo planear 20. No me imagino un día en el que no tenga nada que hacer", asegura. "Aunque últimamente, trato de decirme: 'Si tienes un rato libre, descansa, no tienes que ocuparlo'. Esa es mi nueva meta".

 

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