Gente
Michelle Pfeiffer:
ni chicha ni limoná
DICEN que las mujeres poseen un sexto
sentido que rara vez se aprecia en los
hombres. Dicen eso con la misma tranquilidad
con la que algunos aseguran que el llamado
«segundo sexo», en palabras
de Simone de Beuvoir,
no tiene sentido alguno, que no es lo
mismo que no tener ningún sentido.
Lo cierto es que Michelle
Pfeiffer ha descubierto que hay
un «Sentido
básico», nombre con
el que se ha bautizado la última
película que está rodando,
que no la convence, ni poco, ni mucho,
ni nada. La razón a la vista está
o podría haber estado. Por exigencias
del guión, como diría María
José Cantudo, el único
dardo quebradizo de «Las
amistades peligrosas», tenía
que mostrarse en cueros, o sea como su
madre la trajo al mundo, en un plano frontal
-metidos en faena lo que habría
sido ridículo hubiera sido un plano
picado o una panorámica–.
Sin embargo, ella, la pudorosa «Casada
con todos», se ha revuelto
como «Lady
Halcón» y ha dicho
que no, que no enseña ni chicha
ni limoná y que si se ponen burros
les planta con lo puesto, que por lo visto
no es mucho, y coge las de villadiego.
Según parece, «El
poder del dinero» ha fracasado
por una vez, posiblemente porque no había
demasiados ceros a la derecha. Y así,
por su cara bonita, y porque se lo puede
permitir, ha dejado a su partenaire de
ficción, que no es otro que Michael
Douglas, con las manos lejos de
la masa, que, todo hay que decirlo, es
más bien escasa. El nieto del trapero
ha de conformarse con contentar a medias
su sentido de la vista y moderar el resto;
y esto, son más que palabras, es
la promesa de una de «Las
brujas de Eastwick».
Esta actitud ha cogido por sorpresa a
los incondicionales de Michelle
Pfeiffer, que piensan que si bien
es cierto que Michael
Douglas no es John
Malkovich, y con éste no
tuvo inconveniente en exhibirse dentro
y fuera del rodaje, la negativa a repetirlo
con uno de los actores de moda y además
con más pelo y más tablas
en estas lides, es casi una ofensa para
él. En fin, ella se lo pierde.
Carmen de CARLOS |