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Pronto | 1990 |

Article/Interview: Michelle Pfeiffer

 
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MICHELLE PFEIFFER:
DE CAJERA DE SUPERMERCADO A ESTRELLA DE CINE

La actriz espera un hijo del actor Fisher Stevens

Con sus 32 años cumplidos, Michelle conserva intactas la belleza y el magnetismo que han llevado a un director de cine a afirmar que esta actriz no necesita interpretar, que la mirada se enamora de inmediato de su rostro y ya no puede abandonarlo. La protagonista de "Las amistades peligrosas", "Los fabulosos Baker Boys" o "The Russian House" está teniendo que aprender a ser rica y famosa. Junto a su nuevo compañero, el también actor Fisher Stevens, Michelle está conociendo la maravillosa experiencia de la futura maternidad.

DESDE que decidió ser una profesional sabe que debe soportar los inconvenientes que ello implica. Por ejemplo, concedernos esta entrevista en su casa de Santa Mónica. Sentada en un holgado sofá, con una taza de té en la mano, Michelle se muestra resplandeciente. La actriz apenas se ha pasado un peine por sus cabellos de color rubio ceniza, su único maquillaje son unas leves ojeras y, sin embargo, está bellísima. Quizá sean los ojos azules y almendrados, la palidez de su piel, la firmeza de los pómulos o, por encima de todo, ese aire de desamparo, lo que le dan ese aspecto de niña frágil y delicada. Sus uñas mordidas de colegiala la delatan como una mujer extremadamente nerviosa. Cuenta sus películas por éxitos, aunque, de momento, la estatuilla de la Academia se le resiste. En "Los fabulosos Baker Boys" la vimos, y oímos, cantar por primera vez.

"Al principio -explica- había cantado alguna vez, pero nunca como profesional. De hecho, lo había dejado por completo desde hacía siete años, así que dos meses antes de que empezara a rodar tuve que tomar lecciones. Estaba aterrada y lo primero que hice fue entrenar el oído escuchando con mucha atención a intérpretes de baladas. Ahora me han dicho que podría dedicarme a la canción".

"No me considero especialmente guapa"

-Michelle, ¿le molesta que siempre se hable de su belleza?

-Creo que es una forma simple de tratar de explicar mi triunfo. Me considero una chica mona, pero no una mujer especialmente guapa. Resulta incómodo y hasta irritante esa insistencia sobre mi físico. Me ha ocurrido incluso que algunos directores estaban tan empeñados en retratar a una mujer guapa que no me han permitido sacar a la actriz que llevo dentro.

- Pero usted inició su carrera en un concurso de belleza.

-Si naces en un pueblecito y tu familia no dispone de excesivos medios económicos, como me ocurrió a mí, pronto descubres que tus posibilidades en la vida no son muchas. Me animaron y acabé presentándome a uno de esos concursos de belleza. Lo gané, aún no sé bien cómo, y me vi convertida de la noche a la mañana en "Miss Orange Country". Comprendí que ya no podía volver el lunes siguiente al supermercado en el que trabajaba. Sólo me quedaba seguir adelante.

Michelle Pfeiffer nació en el Condado de Orange (al sur de California), la segunda de cuatro hijos de un vendedor de calefacciones, aparatos de aire acondicionado y otros electrodomésticos. Cuando la actriz era pequeña su padre le daba cincuenta centavos por cada refrigerador que limpiaba, para poder arreglarlo y ponerlo nuevamente en circulación.

De cajera de supermercado a "miss"

La nueva estrella de Hollywood empezó a tomar clases de teatro en el bachillerato porque esa asignatura le servía para convalidar la gramática inglesa, pero enseguida se enamoró de ese mundo y sus personajes, que le parecieron interesantísimos. Cuando acabó el colegio y se encontró que el único trabajo que podía hacer era el de cajera de un supermercado, se sacudió por fin su vergüenza y timidez innatas, fue al peluquero para que le cambiara el peinado y se hizo unas fotografías que empezó a repartir. Su carrera estaba en marcha.

Pronto ganó el concurso de "miss" del Condado de Orange y quedó finalista en el de la ciudad de Los Angeles. Se buscó un agente que le consiguió pequeños papeles en anuncios y en series de televisión. Michelle fue la protagonista de "Grease 2" que constituyó un notable fracaso pero le dio una cierta promoción. Su gran oportunidad llegó poco tiempo después, cuando le dieron sorprendentemente el papel de Elvira, la novia de Al Pacino, en "El precio del poder". Su segunda película fue "Lady Halcón" un cuento de hadas medieval que le permitió lucir sus ojos azules, su boca ancha y sensual y su piel blanca que podían llegar a convertir en un mito.

"Las drogas me hacían perder el control"

Luego vendrían éxitos como "Conexión Tequila", "Cuando llega la noche", "Las brujas de Eastwick" y "Las amistades peligrosas", película que le valió una nominación al Oscar por su papel de la delicada Madame de Tourvel.

"Fue un trabajo muy duro — recuerda la actriz—. Me enfrenté al papel más difícil que he interpretado en mi vida. Hasta entonces nunca había tenido que desnudarme emocionalmente tanto. Tenía que llorar con tanta frecuencia que tenían que maquillarme constantemente los ojos y el llanto me seguía fuera del rodaje. Sufrí tres crisis nerviosas, algo que nunca me había pasado con anterioridad".

Se dice que en otros tiempos tomaba drogas para poder controlarse.

—No tengo que negar algo que es del dominio público. Consumí drogas durante una temporada, perodesde que me dedico al cine, o sea desde hace una docena de años, no las pruebo. En vez de ayudarme a ser más dueña de mí me hacían perder el control. Comprendía tiempo que esa no era la solución.

La actriz habla como si quisiera tener cuidado con los que dice, en vuelta en un halo de indecisión, midiendo sus palabras antes de que salga por su boca. Tiene un aire místico, una cierta melancolía innata. Vive en compañía del actor Fisher Stevens, el padre de su futuro hijo, además de sus dos perros y un gato. Esporádicamente, la actriz, poco dada a airear su vida privada, hace alguna pequeña concesión a entrar por unos momentos en terrenos pantanosos.

-¿Cómo se sintió cuando acabó su matrimonio con el actor Peter Horton?

-A raíz de mi divorcio pasé una temporada en que creí que iba a destruir mi vida, que no iba a ser capaz de manejar la situación. Pero a medida que iba pasando el tiempo me iba dando cuenta de que no sólo podía hacerlo, sino que además podía hacerlo muy bien. Después, por primera vez en mucho tiempo, empecé a sentirme cómoda cuando estaba sola y a disfrutar con lo que hacía.

"Desnuda me siento incómoda"

-Y entonces se cruzó en su vida el también divorciado Michael Keaton, famoso por su personaje de "Batman".

-Lo siento, no voy a extenderme más sobre nuestras cuestiones sentimentales. Puedo decir que ahora vivo feliz y tranquila, que deseo que mi primer hijo venga al mundo, sano y nada más. Si hay algo que me desagrada de mi profesión es esa faltade intimidad a la que nos vemos sometidos los actores. Es terrible, me hace perder los nervios.

-Creo que también le irritan los desnudos en las películas.

- Debo decir que los justifico si el guión es muy bueno y los exige. Pero, en efecto, yo vengo de una familia muy conservadora que me ha educado en sus valores quizás algo rancios. Lo cierto es que a mí se me hacen muy cuesta arriba y la razón es que nunca me ha gustado mi cuerpo. Admiro a la gente que es capaz de mostrar su cuerpo sin complejos. Desnuda me siento incómoda, pienso que me falta algo.

Michelle Pfeiffer se siente ante las cámaras como pez en el agua, y su dominio innato de la técnica le convierten en una joya que en la primera toma hace las cosas tal y como las quiere el director. En el mundillo de Hollywood y entre los profesionales que la conocen y han trabajado con ella, Michelle tiene fama de ser una persona muy inteligente, tranquila, que sabe el terreno que pisa y lo que quiere. Se muestra sumamente atenta con todos aquellos que trabajan con ella en una producción. Se cuenta que todo el personal de "Casada con todos" hizo una colecta para regalarle al final del rodaje unos costosísimos pendientes de perlas.

-¿Cuál es su fallo de carácter más acusado?

-Soy excesivamente seria. Reconozco que soy bastante insoportable. Menos mal que encuentro el placer en la interpretación y mis compañeros de trabajo se sienten a gusto conmigo mientras filmo.

-¿Es cierto que ha llegado a crear su propia productora de cine?

-Si, así puedo promover películas en las que las mujeres sean de carne y hueso, de ese tipo que tan ocasionalmente se ven en la pantalla.

-¿Cómo ha conseguido llegar a ser una de las actrices mejor pagadas? Se dice que le pagan 165 millones por película.

-Pues trabajando duro. Soy una persona con mucha fuerza de voluntad. Empezaron a ofrecerme papeles de personajes con los que me sentía identificada, cuyas vidas no me habría importado vivir. Eso me ha ayudado mucho en mi carrera. Del dinero no me quejo. Si me pagan tan bien, mejor para mí. Eso me permite tener independencia y rechazar los papeles que creo que son una porquería. Es algo que valoro mucho.

Secuelas de su paso por una secta

-¿Qué tal se lleva con Hollywood?

-Debo reconocer que no me gusta ese mundo y tampoco el atractivo que despierta en los medios de comunicación todo lo que una hace de su vida privada. Lo mismo la persecución de fotógrafos y prensa. Pero como dicen... es el precio de la fama.

-Se ha dicho que usted perteneció a una secta, ¿es cierto?

-Eso fue hace mucho tiempo cuando tenía dieciocho años. En esa época caí en las redes de una secta que celebraba ritos esotéricos y esa vivencia me produce malos recuerdos. Mi marido me libró de aquello, pero la experiencia me ha dejado algunas secuelas, hasta el punto de que todavía no me atrevo a entrar en una tienda de productos naturales ni a beber zumo de zanahoria.

-Quizá por haber pasado tan desagradable experiencia se gasta grandes sumas de dinero en la consulta del psiquiatra.

-Sí, acudo regularmente y tengo que admitir que me ha ayudado mucho", afirma la actriz.

Aunque Michelle se define como una mujer solitaria, la presencia en su vida de Fisher y, sobre todo, la pronta llegada de su primer hijo, han dado a la actriz una estabilidad sentimental que no tuvo con sus anteriores relaciones de pareja. Michelle, a la que ya se empieza a notar su estado de buena esperanza, no quiere hablar de su vida privada, pero no importa. No hace falta que repita que es feliz, sencillamente, porque se le nota.

Article Provided by Sean (Spain)
Scaned & Transcripted by Fran/PfeifferTheFace

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