MICHELLE PFEIFFER:
DE CAJERA DE SUPERMERCADO A ESTRELLA DE
CINE
La actriz espera un hijo del actor Fisher
Stevens
Con sus 32 años cumplidos, Michelle
conserva intactas la belleza y el magnetismo
que han llevado a un director de cine
a afirmar que esta actriz no necesita
interpretar, que la mirada se enamora
de inmediato de su rostro y ya no puede
abandonarlo. La protagonista de "Las
amistades peligrosas", "Los
fabulosos Baker Boys" o "The
Russian House" está
teniendo que aprender a ser rica y famosa.
Junto a su nuevo compañero, el
también actor Fisher
Stevens, Michelle está conociendo
la maravillosa experiencia de la futura
maternidad.
DESDE que decidió ser una profesional
sabe que debe soportar los inconvenientes
que ello implica. Por ejemplo, concedernos
esta entrevista en su casa de Santa Mónica.
Sentada en un holgado sofá, con
una taza de té en la mano, Michelle
se muestra resplandeciente. La actriz
apenas se ha pasado un peine por sus cabellos
de color rubio ceniza, su único
maquillaje son unas leves ojeras y, sin
embargo, está bellísima.
Quizá sean los ojos azules y almendrados,
la palidez de su piel, la firmeza de los
pómulos o, por encima de todo,
ese aire de desamparo, lo que le dan ese
aspecto de niña frágil y
delicada. Sus uñas mordidas de
colegiala la delatan como una mujer extremadamente
nerviosa. Cuenta sus películas
por éxitos, aunque, de momento,
la estatuilla de la Academia se le resiste.
En "Los
fabulosos Baker Boys"
la vimos, y oímos, cantar por primera
vez.
"Al principio
-explica- había
cantado alguna vez, pero nunca como profesional.
De hecho, lo había dejado por completo
desde hacía siete años,
así que dos meses antes de que
empezara a rodar tuve que tomar lecciones.
Estaba aterrada y lo primero que hice
fue entrenar el oído escuchando
con mucha atención a intérpretes
de baladas. Ahora me han dicho que podría
dedicarme a la canción".
"No me considero especialmente
guapa"
-Michelle, ¿le
molesta que siempre se hable de su belleza?
-Creo que es una forma simple de tratar
de explicar mi triunfo. Me considero una
chica mona, pero no una mujer especialmente
guapa. Resulta incómodo y hasta
irritante esa insistencia sobre mi físico.
Me ha ocurrido incluso que algunos directores
estaban tan empeñados en retratar
a una mujer guapa que no me han permitido
sacar a la actriz que llevo dentro.
- Pero usted inició
su carrera en un concurso de belleza.
-Si naces en un pueblecito y tu familia
no dispone de excesivos medios económicos,
como me ocurrió a mí, pronto
descubres que tus posibilidades en la
vida no son muchas. Me animaron y acabé
presentándome a uno de esos concursos
de belleza. Lo gané, aún
no sé bien cómo, y me vi
convertida de la noche a la mañana
en "Miss Orange Country". Comprendí
que ya no podía volver el lunes
siguiente al supermercado en el que trabajaba.
Sólo me quedaba seguir adelante.
Michelle Pfeiffer
nació en el Condado de Orange (al
sur de California), la segunda de cuatro
hijos de un vendedor de calefacciones,
aparatos de aire acondicionado y otros
electrodomésticos. Cuando la actriz
era pequeña su padre le daba cincuenta
centavos por cada refrigerador que limpiaba,
para poder arreglarlo y ponerlo nuevamente
en circulación.
De cajera de supermercado a "miss"
La nueva estrella de Hollywood empezó
a tomar clases de teatro en el bachillerato
porque esa asignatura le servía
para convalidar la gramática inglesa,
pero enseguida se enamoró de ese
mundo y sus personajes, que le parecieron
interesantísimos. Cuando acabó
el colegio y se encontró que el
único trabajo que podía
hacer era el de cajera de un supermercado,
se sacudió por fin su vergüenza
y timidez innatas, fue al peluquero para
que le cambiara el peinado y se hizo unas
fotografías que empezó a
repartir. Su carrera estaba en marcha.
Pronto ganó el concurso de "miss"
del Condado de Orange y quedó finalista
en el de la ciudad de Los Angeles. Se
buscó un agente que le consiguió
pequeños papeles en anuncios y
en series de televisión. Michelle
fue la protagonista de "Grease
2" que constituyó
un notable fracaso pero le dio una cierta
promoción. Su gran oportunidad
llegó poco tiempo después,
cuando le dieron sorprendentemente el
papel de Elvira, la novia de Al Pacino,
en "El precio
del poder". Su segunda película
fue "Lady Halcón"
un cuento de hadas medieval que le permitió
lucir sus ojos azules, su boca ancha y
sensual y su piel blanca que podían
llegar a convertir en un mito.
"Las drogas me hacían perder
el control"
Luego vendrían éxitos como
"Conexión
Tequila", "Cuando
llega la noche", "Las
brujas de Eastwick" y
"Las amistades
peligrosas", película
que le valió una nominación
al Oscar por su papel de la delicada Madame
de Tourvel.
"Fue un trabajo
muy duro — recuerda la actriz—.
Me enfrenté
al papel más difícil que
he interpretado en mi vida. Hasta entonces
nunca había tenido que desnudarme
emocionalmente tanto. Tenía que
llorar con tanta frecuencia que tenían
que maquillarme constantemente los ojos
y el llanto me seguía fuera del
rodaje. Sufrí tres crisis nerviosas,
algo que nunca me había pasado
con anterioridad".
—Se dice
que en otros tiempos tomaba drogas para
poder controlarse.
—No tengo que negar algo que es
del dominio público. Consumí
drogas durante una temporada, perodesde
que me dedico al cine, o sea desde hace
una docena de años, no las pruebo.
En vez de ayudarme a ser más dueña
de mí me hacían perder el
control. Comprendía tiempo que
esa no era la solución.
La actriz habla como si quisiera tener
cuidado con los que dice, en vuelta en
un halo de indecisión, midiendo
sus palabras antes de que salga por su
boca. Tiene un aire místico, una
cierta melancolía innata. Vive
en compañía del actor Fisher
Stevens, el padre de su futuro
hijo, además de sus dos perros
y un gato. Esporádicamente, la
actriz, poco dada a airear su vida privada,
hace alguna pequeña concesión
a entrar por unos momentos en terrenos
pantanosos.
-¿Cómo
se sintió cuando acabó su
matrimonio con el actor Peter Horton?
-A raíz de mi divorcio pasé
una temporada en que creí que iba
a destruir mi vida, que no iba a ser capaz
de manejar la situación. Pero a
medida que iba pasando el tiempo me iba
dando cuenta de que no sólo podía
hacerlo, sino que además podía
hacerlo muy bien. Después, por
primera vez en mucho tiempo, empecé
a sentirme cómoda cuando estaba
sola y a disfrutar con lo que hacía.
"Desnuda me siento incómoda"
-Y entonces se
cruzó en su vida el también
divorciado Michael Keaton, famoso por
su personaje de "Batman".
-Lo siento, no voy a extenderme más
sobre nuestras cuestiones sentimentales.
Puedo decir que ahora vivo feliz y tranquila,
que deseo que mi primer hijo venga al
mundo, sano y nada más. Si hay
algo que me desagrada de mi profesión
es esa faltade intimidad a la que nos
vemos sometidos los actores. Es terrible,
me hace perder los nervios.
-Creo que también
le irritan los desnudos en las películas.
- Debo decir que los justifico si el
guión es muy bueno y los exige.
Pero, en efecto, yo vengo de una familia
muy conservadora que me ha educado en
sus valores quizás algo rancios.
Lo cierto es que a mí se me hacen
muy cuesta arriba y la razón es
que nunca me ha gustado mi cuerpo. Admiro
a la gente que es capaz de mostrar su
cuerpo sin complejos. Desnuda me siento
incómoda, pienso que me falta algo.
Michelle Pfeiffer
se siente ante las cámaras como
pez en el agua, y su dominio innato de
la técnica le convierten en una
joya que en la primera toma hace las cosas
tal y como las quiere el director. En
el mundillo de Hollywood y entre los profesionales
que la conocen y han trabajado con ella,
Michelle tiene fama de ser una persona
muy inteligente, tranquila, que sabe el
terreno que pisa y lo que quiere. Se muestra
sumamente atenta con todos aquellos que
trabajan con ella en una producción.
Se cuenta que todo el personal de "Casada
con todos" hizo una colecta
para regalarle al final del rodaje unos
costosísimos pendientes de perlas.
-¿Cuál
es su fallo de carácter más
acusado?
-Soy excesivamente seria. Reconozco que
soy bastante insoportable. Menos mal que
encuentro el placer en la interpretación
y mis compañeros de trabajo se
sienten a gusto conmigo mientras filmo.
-¿Es cierto que
ha llegado a crear su propia productora
de cine?
-Si, así puedo promover películas
en las que las mujeres sean de carne y
hueso, de ese tipo que tan ocasionalmente
se ven en la pantalla.
-¿Cómo
ha conseguido llegar a ser una de las
actrices mejor pagadas? Se dice que le
pagan 165 millones por película.
-Pues trabajando duro. Soy una persona
con mucha fuerza de voluntad. Empezaron
a ofrecerme papeles de personajes con
los que me sentía identificada,
cuyas vidas no me habría importado
vivir. Eso me ha ayudado mucho en mi carrera.
Del dinero no me quejo. Si me pagan tan
bien, mejor para mí. Eso me permite
tener independencia y rechazar los papeles
que creo que son una porquería.
Es algo que valoro mucho.
Secuelas de su paso por una secta
-¿Qué tal
se lleva con Hollywood?
-Debo reconocer que no me gusta ese mundo
y tampoco el atractivo que despierta en
los medios de comunicación todo
lo que una hace de su vida privada. Lo
mismo la persecución de fotógrafos
y prensa. Pero como dicen... es el precio
de la fama.
-Se ha dicho que
usted perteneció a una secta, ¿es
cierto?
-Eso fue hace mucho tiempo cuando tenía
dieciocho años. En esa época
caí en las redes de una secta que
celebraba ritos esotéricos y esa
vivencia me produce malos recuerdos. Mi
marido me libró de aquello, pero
la experiencia me ha dejado algunas secuelas,
hasta el punto de que todavía no
me atrevo a entrar en una tienda de productos
naturales ni a beber zumo de zanahoria.
-Quizá por haber
pasado tan desagradable experiencia se
gasta grandes sumas de dinero en la consulta
del psiquiatra.
-Sí, acudo regularmente y tengo
que admitir que me ha ayudado mucho",
afirma la actriz.
Aunque Michelle se define como una mujer
solitaria, la presencia en su vida de
Fisher y, sobre todo, la pronta llegada
de su primer hijo, han dado a la actriz
una estabilidad sentimental que no tuvo
con sus anteriores relaciones de pareja.
Michelle, a la que ya se empieza a notar
su estado de buena esperanza, no quiere
hablar de su vida privada, pero no importa.
No hace falta que repita que es feliz,
sencillamente, porque se le nota.
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