Michelle Pfeiffer
Lejos de las fiestas de Hollywood, Michelle
Pfeiffer prefiere la soledad de Santa Mónica,
cerca de sus amigos, manteniendo la distancia
de un mundo, el del cine, al que en el fondo teme
y admira. Su último trabajo con Sean Connery
en La casa Rusia vuelve a precipitarla al primer
plano de la actualidad como la mujer admirada
y bella y la actriz reflexiva y trascendente.
Texto: Gil Gibson
- Fotografía: T.
O'Neill
Sace poco Harpers Bazaar incluyó a Michelle
Pfeiffer en su célebre lista de
las diez mujeres más bellas del mundo.
Cualquiera que la haya visto en alguna de sus
películas estará de acuerdo en lo
acertado de la elección. Y es que Pfeiffer,
además de ser una actriz con gran talento,
profundidad y versatilidad, posee una belleza
cautivadora con unos enormes ojos azules traslúcidos
y pensativos.
A sus 33 años tiene un encanto especial
que la ha convertido en una de las actrices más
cotizadas de Hollywood. Antes, en esta Meca del
cine se consideraba a las actrices con más
de 30 años demasiado viejas y los nuevos
valores tenían que ser jóvenes,
preferentemente de 21 ó 22 años.
Ahora la edad no importa tanto, y tal vez por
eso Michelle Pfeiffer
está más solicitada que nunca.
Pfeiffer se consolidó como estrella en
la película Los
fabulosos Baker Boys. El año
pasado era nominada para el Oscar por su trabajo
en Las
amistades peligrosas con John
Malkovich y Glenn
Close. Otras buenas películas suyas
son Casada con todos,
Las
brujas de Eastwick, Cuando
llega la noche, Dulce
libertad y, más recientemente,
La
casa Rusia, que se estrenará
próximamente en España. Pero ha
habido otras películas de peor recuerdo.
Como buena actriz, ha sobrevivido a estos baches,
en parte gracias a su vulnerable cualidad de niña
extraviada y, por supuesto, a su capacidad y belleza.
Casada con el actor Peter
Horton, se divorció en 1987, tras
siete años de matrimonio. Horton habla
de ella todavía hoy como de «una
mujer sorprendente, una de esas personasespeciales
que te encuentras en la vida de vez en cuando».
Actualmente, Michelle
Pfeiffer vive sola en Santa Mónica,
no muy lejos de Hollywood, con dos perros, un
gato y un pequeño grupo de amigos íntimos.
Casi nunca se la ve en la vida social de Hollywood.
Sus amigos la describen como una «intelectual»,
algo que le vino muy bien para su papel de Katya,
editor literario en la película La
casa Rusia. Pero para llegar aquí
tuvo que pasar por muchas cosas.
— Tengo entendido
que su primer trabajo fue de cajera en un supermercado
de San Diego.
—Antes de eso, a los catorce años,
vendía ropa. Cuando me fui al supermercado
Von's, de San Diego, ya tenía dieciocho
años. Un día cuando cobraba a unos
clientes, paré y me pregunté qué
esperaba de la vida. Fue mi primer acto de reflexión
personal sobre mi futuro. Recuerdo la alegría
que sentí cuando participé en una
obra de teatro en el instituto. Entonces supe
que quería ser actriz. Mientras trabajaba
en el supermercado iba a Los Angeles varias veces
a la semana para asistir a clases de arte dramático.
— Aunque San Diego
geográficamente está cerca de Hollywood,
está muy lejos para hacer allí carrera
como actriz. ¿Cómo lo consiguió?
—Yo no tenía experiencia profesional
ni como cantante ni como actriz; pero seguía
con las clases de arte dramático en Los
Angeles. Asistí a algunas pruebas para
pequeños papeles, y luego, de repente,
me empezaron a llamar. Incluso tuve la suerte
de contar con un agente, que no es nada fácil
en Hollywood cuando eres una desconocida. Lo que
más odiaba era que me dijeran: «Con
tu aspecto no tienes que preocuparte de saber
actuar.»
— ¿Y no fue
ésta la razón principal para pasar
de ser una cajera de supermercado a una de las
estrellas más cotizadas de Hollywood?
— Siempre hay un primer paso. El mío
quizá fue haber ganado un concurso de personalidad
que me convirtió en Miss Orange County.
Eso me ayudó a llamar la atención
a mi primer agente, que quería encasillarme
en papeles de rubia tonta.
— Grease
II fue su primera película de cierta
importancia. ¿Por qué?
— En principio, se pensó en mí
como actriz secundaria. Buscaron por todas partes
a la protagonista y al final me dieron el papel,
prescindiendo de cientos de candidatas.
Michelle Pfeiffer se fue dando cuenta poco a
poco de que la auténtica clave para triunfar
en la pantalla es no hacer nunca el ridículo.
«Me horroriza pensar
— asegura— que
esto pueda ocurrirme. Cualquier película
implica el riesgo de fracasar, y yo, desde luego,
no quiero fracasar.»
—Sin embargo, fracasó
en el matrimonio.
—Mi marido, Peter
Horton, sigue siendo para mí una
de las personas más maravillosas del mundo.
Nunca olvidaré su decisiva ayuda para apartarme
de una secta destructiva que mezclaba el vegetarianismo
con la metafísica. Me hicieron mucho daño.
Se trataba de un grupo seudorreligioso hambriento
de dinero. Me hacían creer que la práctica
del vegetarianismo me ayudaría a mantener
la línea. Me comieron el coco y yo les
di una enorme cantidad de dinero. Peter me ayudó
a alejarme de esa gente poco recomendable y le
estáre siempre agradecida.
—¿Cómo
se siente viviendo sola?
— Por primera vez me estoy empezando a sentir
cómoda viviendo sola y disfrutando realmente
de mi vida. Creo que estoy tomando el control
de las cosas.
—Aparte de su matrimonio
con Peter Horton, que ahora protagoniza la serie
de televisión Treinta y tantos, ha estado
unida sentimentalmente con su coprotagonista en
Las amistades peligrosas, John Malkovich. Se ha
hablado también de amistad íntima
con Michael Keaton, de Batman, y con Fisher Stevens,
mucho más joven que usted.
— No tengo demasiados amigos, pero los que
tengo los he conocido a través del trabajo.
La mayoría de mis amigos pertenecen al
mundo del cine.
—¿Existe la
posibilidad de una boda o de crear una nueva familia?
— No he pensado casarme de nuevo, pero una
familia... Sí, quiero tener un niño,
si no es este año, el que viene o en los
próximos años. Ya lo he decidido
y sé que sucederá. Pero no quiero
criar a mi hijo en Los Angeles. No me gusta siquiera
vivir en esta ciudad. Preferiría hacerlo
en otro lugar, como Italia o Gran Bretaña.
Me encanta Londres.
Muchas de las películas en las que ha
trabajado Pfeiffer no pasarán a la historia
del cine, aunque en algunas de las peores la crítica
fue benévola con ella. Cree que «las
que realmente me ayudaron en mi carrera fueron
Casada con todos
y Las
brujas de Eastwick.
Pero, ¿sabes?, disfruté mucho con
mi papel en Charlie
Chan y la maldición de la Reina Dragón.
—¿Por qué?
— Porque me encanta la comedia. Charlie
Chan es una caricatura muy irónica. De
todos modos, prefiero papeles serios, aunque éstos
te agoten más. Mi papel más difícil
hasta ahora ha sido con Sean
Connery en La
casa Rusia. Es la primera vez que he
representado a una persona de otra cultura y,
además, tuvieron que enseñarme ruso.
— Durante los últimos
años ha trabajado constantemente. ¿Va
a seguir con este ritmo en el futuro?
— La verdad es que soy bastante vaga. No
me gusta trabajar. Cuando terminé mi actuación
en Twelfth Night
estaba deseando descansar, quedarme en casa con
los perros y el gato. Pero me llegó la
oferta de La
casa Rusia y hubiera sido poco inteligente
no aceptar el papel. Mientras estaba descansando
en un hotel de Moscú pensé en mi
situación: cuando no tenía trabajo
en el cine, nadie me quería, y realmente
lo necesitaba... Cogeré lo que me venga,
siempre y cuando no me ponga en evidencia. Algún
día quizá pueda permitirme el lujo
de no trabajar en absoluto. Es algo que deseo.
— Supongo que en
esto tendrá mucho que ver el dinero. Ya
ha superado ampliamente el millón de dólares
por película.
— El dinero es también importante...
Para mí y para todo el mundo. Y precisamente
porque me pagan bien no quiero quedar mal o hacer
algo de lo que tenga que avergonzarme. Me gusta
hacer las cosas bien o lo mejor que pueda.
— Su próxima
película será Love
Field, que trata de un romance interracial.
Denzel Washington iba a ser el coprotagonista,
pero se negó a ser visto en la pantalla
haciendo escenas de amor con una mujer blanca.
¿Qué opina de esta actitud?
— No puedo hablar por el señor Washington.
— ¿Tiene alguna
ambición secreta?
—Muchas. Me gustaría retirarme y
no hacer nada. Pero, si sigo trabajando, quisiera
hacer una película con Robert
Redford, como la mayoría de las
actrices de Hollywood. Mi máxima aspiración
es actuar y ser dirigida por él en una
película.
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