Michelle Pfeiffer: “Creo que el tiempo ha sido amable conmigo” | Blanco y Negro. October, 1999
Spain
Blanco & Negro
October 17, 1999
«Creo que el tiempo ha sido amable conmigo», Michelle Pfediffer
Emana luminosidad y a la vez es una de las estrellas más opacas de Hollywood. Madre entregada, mujer combativa, actriz bien dotada. Michelle Pfeiffer estrena madurez con un buen puñado de películas. ‘El sueño de una noche de verano‘ y ‘En lo profundo del océano‘ son el avance del que a buen seguro será su año de gloria.
Por Laura Gross
[Fotografía: M. Comte y F. Zahedi]
«Los ojos y el rostro de Michelle interpretan cualquier conflicto mejor que la mayoría de las actrices. A veces parece tan sólida y otras tan frágil… Es misteriosa y transparente a la vez, por eso es una gran estrella». Son palabras de Martin Scorsese, quien la dirigió en «La edad de la inocencia». Y no le falta razón: Michelle Pfeiffer es una mujer de mil caras. «Ya no temo hacer el tonto, como me ocurría en el pasado. Ahora mi trabajo está en todas partes. A veces me siento decepcionada con las cosas que me ofrecen y, otras, me sorprendo infinitamente. Al menos, tengo la opción de arriesgar. Nuestra sociedad es implacable con las mujeres», murmura mientras se contempla en un montón de fotografías de diferentes películas. «Veo todo esto y me doy cuenta de que mi aspecto depende de otros… La verdad es que me encanta cómo fui entre los treinta y los cuarenta años, especialmente a partir de los treinta y cinco. No es normal que la gente tenga que mirarse la cara todo el tiempo, que revisar pruebas fotográficas y sacar una lupa para ver qué tal está. Creo que el tiempo ha sido amable conmigo, pero también se cobra un peaje. El paso de los años es una realidad con la que tengo que aprender a vivir».
-¿Le preocupa que la edad limite su carrera?
-No mucho. Durante una época, parecía que la única que podía sobrevivir al paso del tiempo era Susan Sarandon. Pero ahora, gracias a Dios, mire a Jessica Lange, a Meryl Streep o a Catherine Deneuve. Quizá aún me queden unos cuantos años de estar en la brecha, algo que creí que no iba a pasar. Por eso me atrae la posibilidad de dirigir algún día. Si no tuviera hijos, probablemente lo estaría haciendo ahora, pero es un trabajo muy duro que hoy me abrumaría. El director y el actor están siempre en conflicto. Sé que el director tiene que preocuparse por los intereses de la película y si eso significa que necesitas que los actores trabajen dieciséis horas diarias para conseguir lo que quieres, lo exiges. Pero eso no es para mí ahora mismo: primero, soy madre y, después, actriz. Cuando estoy en el plató, doy todo lo que tengo, pero cuando llego a casa me centro en mi familia. Sólo trabajo doce horas al día. Tengo que estar con mis hijos cuando se levantan por la mañana y cuando se acuestan, y eso lo dejo claro a quien me contrata.
-¿Ve a sus hijos siguiendo sus pasos?
-No lo sé. Quiero que tengan una niñez normal y no deseo sobreprotegerlos. Este trabajo ha sido estupendo para mí, pero temo involucrar a mis hijos en él, porque sé lo duro que puede llegar a ser. Yo he tenido mucha suerte, más que muchos colegas, pero una nunca sabe si será capaz de sobrevivir a los altibajos de este negocio. No hablo de tener talento, sino de tener resistencia. Y yo soy fuerte
-¿Alguna vez se escapó cuando era niña?
-Interesante… Es la primera vez que me preguntan algo así. Sí, me escapé. Me fui a casa de unos vecinos y ellos me escondieron de mis padres.
-¿Cuántos años tenía cuando sucedió esto?
-No recuerdo.
-¡Dieciocho!
-Es que también me escapé a los dieciocho, pero eso fue diferente. La primera vez que lo hice quizá tenía cinco años. Era muy pequeña. Estos vecinos vivían en la misma calle y a mí me encantaba estar en su casa, así que una tarde, cuando mis padres estaban jugando al póquer o algo por el estilo con sus amigos, me fui. Fue agradable. Me planté allí y les dije: «No le digáis a mi papá y a mi mamá que estoy aquí». Acabaron contándoselo, pero…
-Pero la escondieron un rato…
-Un ratito.
-¿Y qué hizo su madre cuando volvió a casa?
-Creo que se alegró mucho de verme, no tuve ningún problema.
-¿Eran tiempos diferentes?
-¡Ya lo creo! Los niños corríamos solos por el vecindario, íbamos descalzos y llamábamos a la puerta de los vecinos.
-¿Pueden hacer lo mismo sus hijos?
-No.
Dulces momentos
-¿No cree que está viviendo ahora mismo uno de los momentos más dulces de su carrera?
-Sí, y tengo más de cuarenta años… ¿Se imagina? Supongo que, simplemente, tengo suerte. Sólo suerte.
-Por cierto, ¿supone algo especial trabajar con Harrison Ford en «What lies beneath», una de sus próximas películas?
-Siempre he querido trabajar con Harrison, porque siempre quiero trabajar con buenos actores.
-¿Lo conoce desde hace mucho?
-No. Simplemente me gustaba, sobre todo su trabajo. «Mono, muy mono…» Eso es lo que dijo su publicista al hablar conmigo, no lo digo yo (risas)…
-Pensaba que ustedes ya se conocían personalmente y que desde hacía tiempo querían trabajar juntos.
-No.
-Pues creía que todas las grandes estrellas de cine tienen cierta relación de amistad.
-¡Venga ya!
-Resulta increíble que usted tenga cuarenta y un años…
-Sí, tengo cuarenta y uno, aunque la Prensa siempre me pone un año más. Y no, nací en 1958. ¡Como si un año cambiase las cosas!, pero esa tontería me parece terriblemente importante, ¿no?
-¿Qué hizo en su cumpleaños?
-Nada del otro mundo. Simplemente, fui a cenar con Dave, mi marido.
-¿Qué tal fue la velada?
-Fue perfecta. La verdad es que lo pasé peor cuandocumplí los treinta y nueve: era la antesala de los cuarenta, así que pasé aquel año agonizando. Pero cuando llegué a los cuarenta, lo superé.
-Si un día me presentara por sorpresa en su casa, ¿qué encontraría?
-Montones de cosas acumuladas por todas partes.
-¿Y la vería cocinando a las cinco de la mañana?
-No me meto en la cocina a esas horas, pero sí me vería en zapatillas de un lado para otro, arrastrando los pies.
-Antes comentaba que se escapó de casa a los dieciocho años. ¿Qué tipo de adolescente fue usted?
-Una adolescente rebelde y desagradable (risas).
-¿Por qué dice eso?
-Porque creo que era demasiado extremista… Ya sabe, en aquella época causaba furor todo lo que estaba relacionado con el punk.
-¿Y cómo demostraba su rebeldía?
-Con mi actitud.
-¿Tal vez era demasiado deslenguada?
-Ya lo creo…
-¿Alguna vez se ha disculpado con sus padres por ello?
-No (risas). En realidad, para ellos aún no he crecido.
Tesoros íntimos
-¿Y qué es lo que, profesionalmente, salvaguarda por encima de todo?
-La credibilidad. Si se pierde la credibilidad, se acaba todo.
-Así que nunca ha llegado al punto de decir de uno de sus personajes algo así como «yo no haría eso»…
-No creo que haya que ser tan dogmática. La gente tiene reacciones y opiniones diversas.
-Cuando usted trabajaba como cajera de un supermercado antes de hacerse famosa, ¿sabía que había algo mejor en la vida?
-Sabía que quería hacer otras cosas. Y sabía que de todo lo que podía hacer, esto era lo que quería hacer. Y es cierto que en aquel momento parecía un sueño ridículo, pero pensé: «Bueno, ¿por qué no?» Creo que era lo bastante inocente como para no darme cuenta del tipo de obstáculos que estaba intentando salvar.
-¿En qué momento supo que tenía una carrera cinematográfica por delante?
-Bueno, mire, he tenido varios momentos decisivos. Recuerdo la primera película de televisión que hice, donde tenía que actuar sin nada de maquillaje y mostrar un aspecto horrible, y fue fenomenal para mí: me contrataron por mi capacidad interpretativa.
-¿Qué película era?
-Se titulaba «The children that nobody wanted». Y creo que a partir de ahí la gente empezó a verme con otra luz. Después, «Grease II» me dio una especie de publicidad, para lo bueno o para lo malo, de la que yo carecía.
-A algunos les encanta esa película.
-Lo sé.
-Dicen que usted era muy tímida, así que debió ser duro dar el primer paso y, sobre todo, convertirse en un rostro famoso.
-Lo fue. Me resultó realmente difícil.
-¿Cómo superó esa timidez?
-Alguien me dijo, una vez, que no intentara huir de la popularidad, que eso empeoraría las cosas. Simplemente, debía quedarme quieta y llevar las cosas con naturalidad. Aún así, la fama me aterrorizó durante mucho tiempo.
-Hay quien dice que su mejor escena es aquella en la que se pone de pie encima de un piano en «Los fabulosos Baker Boys», ¿está de acuerdo?
-¿Se refiere a la del jolgorio? No mucho. Sí le puedo decir que, antes de rodarla, pensé: «Con esta escena o llegas muy alto o te hundes. Puedes quedar genial o pasar como la mayor idiota de todos los tiempos». Supongo que para muchos quedé genial.
-¿Ha habido otros momentos cruciales en su carrera?
-Bueno, «El precio del poder» tuvo un gran impacto y, después, «Las brujas de Eastwick» fue importante porque fue la primera película que realmente ganó algo de dinero.
-«El sueño de una noche de verano», basada en la obra de Shakespeare y una de sus últimas películas, que ahora se estrena junto a «En lo profundo del océano», es, tal vez, una de las pocas cosas frívolas que usted ha hecho, ¿no?
-Más que frívola, es una película mística y luminosa. Me lo he pasado muy bien rodándola, pero, a la vez, ha resultado duro porque nunca he trabajado demasiado en obras de Shakespeare.
-En esta cinta comparte protagonismo con Calista Flockhart, más conocida como Ally McBeal…
-Sí, me encanta la serie.
-¿Cuál es, en su opinión, el papel por el que será recordada?
-Depende. Los niños no olvidan mi interpretación en «Batman vuelve». Los mayores, quizás me recuerdan más en «Las brujas de Eastwick» y «Los fabulosos Baker Boys».
-Y a usted, ¿por cuál se decanta?
-No tengo ningún papel favorito. Me enamoro fácilmente de cualquiera. Por eso soy actriz.
Los rugidos de la gatita
Por Javier Cortijo
Según el catálogo de Norma Jean’s, famoso servicio de venta por correo de Hollywood especializado en polvo de estrellas, los cuasimíticos pantys que Michelle Pfeiffer lucía y retorcía en «Los fabulosos Baker Boys» podían ser adquiridos por cualquier fetichista cinéfilo por la irrisoria cantidad de 395 dólares (al cambio de la época, algo más de cuarenta mil pesetillas). Dudando razonablemente de la veracidad de la prenda de marras (tampoco es plan encarecer el chollo con la prueba del carbono 14), esta anécdota demuestra: a) lo barato que se cotiza el kilo de glamour en el Hollywood finisecular y b) el extraño e incierto lugar que ocupa en la Meca la fabulosa Michelle.
Porque, viendo el estado de las cosas del cine actual, ¿se puede ser sofisticada y rentable, discreta y populachera, sexy y maternal, consagrada y eterna promesa, cuarentona y atemporal? ¿Se pueden acumular tres nominaciones al Oscar en cinco años (por «Las amistades peligrosas», «Los fabulosos…» y «Por encima de todo») sin llegar a llevarse el gato al agua en ninguna ocasión? ¿Se puede permitir una estrella el lujo de rechazar bombones de licor y nitroglicerina como «Instinto básico», «Acoso», «El aceite de la vida» o, Dios mío, «El silencio de los corderos» (eso, sin contar su espectacular Catwoman en «Batman vuelve», a la que accedió de rebote por culpa del avanzado estado de gestación de Anette Benning)?
Se puede, se puede. Aunque haya que pagar peaje por la osadía. Por ejemplo, en el plano personal (un loco la persigue desde hace años esgrimiendo la paternidad del hijo que Michelle adoptó en el 93) y en el plano profesional (con papeles tan variopintos como la «Meryl Streep» de «En lo profundo del océano», la reina Titania de «El sueño de una noche de verano» o la aburrida esposa de Bruce Willis en «The story of us»). Aunque ella responde a tales reveses con la pasión de las fuertes: creando su propia productora (Via Roa) y fabricando con arcilla guerrera los moldes de personajes tan rompedores como la agente de la DEA Heidi Landgraf, la pintora abstracta Georgia O’Keeffe o la mismísima rockera maldita Marianne Faithfull. Está claro que a la gatita aún le quedan un buen puñado de buenos rugidos.
Scanned and transcripted by PfeifferTheFace












Leave your response!