“Michelle Pfeiffer, DIVINA!” | Ragazza (Spain)
Spain
Ragazza | Spring, 1989
Michelle Pfeiffer
Divina!
Hubiera podido ser la Daisy de Disney, pero se conformó con la caja de un supermercado. Hubiera podido ser diosa, pero eligió la brujería provinciana. Hubiera podido ser mala, pero fue buena. Hubiera podido ser…
Le gustó hacer vida doméstica, conducir por la autopista, descargar bultos con los almacenistas, teclear una máquina de estenotipia, limpiar frigoríficos y pintar… Luego creció y le dio por el cine, e inesperadamente, pasó de ser el patito feo del corral a ser el más bello animal del firmamento hollywoodiense.
Se perdió en las nubes del Olimpo y en las profundidades marinas. Fue diosa y luego sirena, pero la Venus rubia exigió destino en tierra. ¡Privilegio de favorita!, el alto mando mitológico se lo concedió sin reservas. Pero los dioses son crueles y, conforme la desertora iba bajando al mundanal ruido, sus rasgos se hicieron carne y perdieron perfección: sus ojos se inyectaron en sangre, sus labios se fruncieron hacia abajo mientras las comisuras subían y sus movimientos perdieron armonía. «Tengo andares de pato y boca de pato. Podría haber sido el pato Donald». asegura—.
¿Castigo divino?… La Pfeiffer no se achanta. Luchó contra el aire grandote y marimacho que tenía de niña, trabajó desde los catorce años y consiguió imponer su voluntad a los deseos de su casto padre. El esfuerzo mereció la pena: el patito feo se convirtió en Miss Orange Country, su ciudad natal; su cuenta corriente creció a razón de los 50 centavos que su padre le pagaba por cada frigorífico de segunda mano que limpiaba y, respecto al sexo opuesto…, todavía sigue en ello porque la misma Michelle reconoce que, a sus treinta años, no sabe cómo comportarse ante los hombres.
LA DIOSA, EL HEROE Y EL ANTIHEROE
Y si no con los hombres, si ante los héroes, porque su actual compañero sentimental es Batman, alias Michael Keaton. No podía ser de otra manera, dos terrestres nunca conseguirían hacer el amor por teléfono.
Ante tal cúmulo de pruebas, sigue habiendo incrédulos que se resisten: si las diosas son perfectas, ¿cómo es posible que tuvieran que meterle relleno en el sujetador para interpretar su primer papel en el cine? A la pregunta de un ignorante, la respuesta de un devorador de La Iliada, porque él siempre atacará por el plano de la estética y de los patrones de belleza clásicos. Y al final el desconfiado sucumbirá al hechizo de los dioses paganos, igual que Batman, Mel Gibson o el mismísimo Jack Nicholson.
Y eso que el caso Nicholson fue diferente. La conoció en una historia de brujas, pócimas y otros encantamientos. El era un demonio histriónico y ella una de las hechiceras-hechizadas. La Pfeiffer bajó a los infiernos de Eastwick —¡ tantas eran las pupas que le salían con ese demonio de Lucifer!— al tiempo que se encumbraba al cielo del cine, Hollywood.
SALIO DEFECTUOSA
Dejando de lado el limbo, Michelle Pfeiffer tiene los pies sobre la tierra. Es consciente de sus defectos y sus excesos. Tan seria, tan perfeccionista… en eso salió defectuosa. «Me gustaría ser como Michael Caine: no tomármelo todo a pecho… pasármelo mejor». Difícil, dificil para una mujer que fue la mejor cajera de los supermercados Vons, que nunca hace papeles de fea, que se reconoce sosaina en las entrevistas y que, para colmo, no cree en las vamps… ¿Dónde están si no las Marilyn, las Rita Hayworth y las Ava Gardner?
Y muchos dirán, le sobra belleza para ser como ellas. Pero le falta ingenuidad, sexy, maldad, y hacer público algún que otro vicio inconfesable… Lo malo es que los dioses pueden convertirla en una estatua de piedra.
En la vida real es la chica de Batman; en la ficción, el verdugo de Malkovich, la bruja de Lucifer Nicholson y la venus de Mel Gibson… Son las piezas que componen el puzzle Pfeiffer. Todas encajan.
OLGA RUIZ
Scanned and transcripted by PfeifferTheFace.com












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