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Crítica de cine: ‘Grease 2′ | ABC (Spain)

16 Septiembre 1982 691 views No Comment

Spain

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ABC | September 16, 1982

Crítica de cine

«Grease 2», de Patricia Birch

Producción: Robert Stigwood / Alan Carr. Dirección: Patricia Birch. Guión: Ken Finkleman. Fotografía: Frank Stanley. Color. Música: Louis St. Louis. Principales intérpretes: Maxwell Caulfield, Michelle Pfeiffer, Lorna Luft, Adrian Zmed, Didi Conn, Eve Arden, Tab Hunter, Connie Stevens. Duración: Ciento diez minutos. Sala de estreno: Palafox.

Maxwell Caulfield & Michelle Pfeiffer in Grease 2(1982)Que un «filme-pastiche» como «Grease 2» esté lleno de influencias y citaciones es normal. Y es poco menos que inevitable que aquéllas se refieran a productos tan aparentemente distintos como los «musicales» de Judy Garland y Mickey Rooney, las películas «de playa» de Frankie Avalon y Annette Fubicello, los filmes «universitarios» que en cadena, producía la Paramount en los años treinta, y el mismísimo Superman, sin olvidar, por supuesto, el precedente directo que constituye «Grease» y las películas «de motos» que hicieron furor en la década de los sesenta en la que se sitúa la acción de la actual.

Todos estos datos han sido «procesados», como por una computadora, por el equipo productor creativo de «Grease 2», y el resultado ha sido una, más que secuela en sentido estricto, variación sobre el tema del original. Dándose primacía, aún en mayor medida que en aquél, a los musicales sobre lo narrativo, aunque en buena parte los números formen parte de la narración.

Es lógico que así sucediera, dado, en primer lugar, que Patricia Birch, la realizadora de «Grease 2», fue la coreógrafa del primer título de la presumible serie, y que del campo de la coreografía y la dirección de «musicales» escénicos procede. En consecuencia, en «Grease 2» poco cuenta el prácticamente inexistente argumento, que se convierte en poco menos que un pretexto para que las canciones y bailes se sucedan. con interludios que son un poco como los «sketches» de una revista.

Los tópicos de los años sesenta, los clichés propios de toda película de: ambiente estudiantil, se utilizan en los referidos intermedios con moderado ingenio y aceptable sentido de la, por así decirlo, «nostalgia crítica», sin que, por supuesto, en este terreno, el filme sea comparable con el «American Graffiti», de Lucas, que le ha precedido en cartel en la sala de estreno. Pero tampoco se trataba de eso. Se trataba de ofrecer a un público mayoritariamente joven, muy joven. un espectáculo brillante, reluciente más bien, al amparo del éxito de los «revivals» musicales. Y eso se logra. Miss Birch ha utilizado la estética del «mal gusto». La de los calendarios y las revistas ilustradas. de la época en que se sitúa su película. Y lo ha hecho a fondo, lanzándose sin red a la aventura. En alguna ocasión, como en el número «Together», se ha pasado. Pero recupera pie con el alucinante plano de la graduación. Sin contar con que, de otra parte, siempre resuelve mejor las escenas corales, «musicales» o «dramáticas», que las de dos o pocos más personajes. Quizá porque aún le falte experiencia en lo que es estricta puesta en escena cinematográfica. Acaso porque, en definitiva, sean aquéllas las únicas que le interesan. Posiblemente. también, porque en el «musical» actual no hay «figuras» como las del «musical» clásico, capaces de bailar, cantar e interpretar. De hecho. los dos protagonistas del filme, Maxwell Caulfield y Michelle Pfeiffer, aparte de no ser grandes actores, no bailan y dan la impresión de estar doblados en las canciones. Y, para salvar sus deficiencias —eso si, son guapísimos, con una guapez de cromo, como exige el guión— se ha colocado a su lado a veteranos que «repiten» del primer «Grease», otros que fueron, en la época en que transcurre la acción, el equivalente de los jóvenes de hoy, como Tab Hunter y Connie Stevens, y excelentes «segundos» que debutan, o poco menos, en el cine como Adrian Zmed y Lorna Luft, el primero una especie de nuevo George Chakiris, el Bernardo de «West Side Story», y la segunda de ilustre árbol genealógico, ya que se trata de la hija de Judy Garland y, en consecuencia, de la hermanastra de Liza Minnelli. Entre todos hacen de «Grease 2» una película sin más pretensiones que la de llegar, de un modo inmediato y casi subliminal, a un público determinado, que consigue su propósito sin recurrir a golpes bajos. Manteniéndose en un tono de dignidad, de superficial homenaje a un tiempo y un cine idos, de declarado y un tanto hortera sentimentalismo.—C. S. F.

 
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